¿Hacerse autónomo o crear una sociedad?

En los inicios de cualquier iniciativa empresarial, la opción de empezar como autónomo siempre resulta más atractiva por el simple hecho de no tener que aportar el capital social mínimo para constituir una sociedad limitada (en España 3.000€), siempre y cuando no haya motivos comerciales o financieros que aconsejen lo contrario o sea necesario asociarse con alguien.

 

Una vez que el negocio tome un buen rumbo y cuente con una alta facturación, será el momento de cambiar a una sociedad limitada (SL) o sociedad limitada unipersonal (SLU).

 

Obviamente hay múltiples factores que afectan a esta decisión: la inversión inicial, los riesgos que conlleva el desarrollo de la actividad mercantil, etc. Resumimos los principales 7 a continuación:

 

  1. Responsabilidad: la principal desventaja del autónomo respecto a una Sociedad Limitada (S.L.) es su responsabilidad ilimitada, ya que responde con su patrimonio personal por las deudas frente a terceros, mientras que la S.L. es de responsabilidad limitada y por tanto sólo responde con el patrimonio aportado a la sociedad (siempre y cuando no haya concedido garantías personales en préstamos a favor de la sociedad).
  2. Gastos iniciales: respecto a los trámites y costes administrativos y notariales, la Sociedad está en clara desventaja respecto autónomo. Mientras que los trámites de alta en autónomos son sencillos, rápidos y prácticamente sin coste ya que no requiere proceso previo de constitución, la burocracia para crear una sociedad, SL, SA o Cooperativa es mucho más compleja. Ésta pasa por los trámites notariales como la inscripción de la empresa en el Registro Mercantil, la redacción de los Estatutos Sociales o la firma de la escritura pública de constitución; unos trámites que puede llegar a exceder los 1.500 euros y demorarse desde 5 a 30 días. Por otro lado la creación de una SL exige aportar un capital social mínimo de 3.000 euros, mientras que como autónomo no es necesaria ninguna aportación. Ahora bien, ese capital social hay que depositarlo en el banco, obtener el resguardo correspondiente y a continuación se puede disponer de él para los gastos de constitución comentamos anteriormente.
  3. Gastos recurrentes de gestión: las obligaciones mercantiles y tributarias así como las gestiones administrativas de un Sociedad son mayores y más complejas para las Sociedades que para un autónomo. La Sociedad presenta una contabilidad más compleja, debe presentar Libros Oficiales y Cuentas Anuales en el Registro Mercantil así como declaraciones a cuenta del Impuesto de Sociedades o el Impuesto Sobre Actividades Económicas, además de organizar juntas generales de socios (con sus respectivas actas y libro de socios) entre otras obligaciones inherentes a la figura de una sociedad mercantil. Por todo ello los costes de gestión se incrementan. No obstante, por muy laborioso que pueda parecer, en Daem contamos con verdaderos expertos para facilitar el día a día de la gestión y administración de una sociedad mercantil.
  4. Impuestos: el autónomo tributa por el IRPF (un impuesto progresivo) mientras que las Sociedades tributan a un tipo fijo del 25% (mayoría de los casos). Aquí radica una de llaves para pasar de autónomo a sociedad, cuando los beneficios del negocio se elevan hasta el punto de que la tributación por IRPF supera el tipo fijo del Impuesto de Sociedades empieza a resultar rentable la constitución de una Sociedad. No obstante, los beneficios generados por un Sociedad pertenecen a la Sociedad mientras que en un Autónomo pertenecen directamente al empresario. Si un Sociedad desea distribuir sus resultados a su accionistas (al empresario) para sus gastos personales, éstos deberán de tributar por su nómina o por los dividendos que se lleven con lo que al final se pueden desvanecer las ventajas fiscales de las Sociedades y equipararse a los autónomos.
  5. Acceso a financiación: las sociedades suelen tener mayor facilidad de financiación ya sea de otros empresarios (mediante la entrada en el capital social de la sociedad) o bancaria. Las cuentas de las sociedades son más claras y precisas lo que les da a terceros una mayor confianza económica. No obstante, casi siempre los avales y garantías suelen ser fundamentales.
  6. Imagen: las sociedades ofrecer una imagen comercial del negocio más profesional, más grande y más solvente.
  7. Empresarios y socios trabajadores: la sociedad da cabida a múltiples socios / accionistas en su capital social quienes se reparten los gastos iniciales mientras que el autónomo es un único empresario. Aun constituyendo una sociedad, sus socios trabajadores pueden tener la obligación de darse de alta (o continuar ejerciendo) como autónomos en los siguientes supuestos: a) si ostenta > 50% del capital social; b) si vive con familiares directos que también son socios y la suma de sus participaciones supera el 50%; c) si ejerce labores de dirección y gerencia y ostenta > 25% del capital (de lo contrario puede afiliarse al Régimen General asimilado).  Si no cumple ninguna de las condiciones anteriores, el socio trabajador puede afiliarse al Régimen General.

 

En definitiva, iniciar a ejercer cómo autónomo representa la opción con menos costes iniciales (además suelen contar con más ayudas de las Comunidades Autónomas y cuenta además con bonificaciones de las cuotas de Autónomos) y menos costes de gestión.

 

Una vez se ha empezado a ejercer la actividad, si sucedido algún tiempo los resultados de explotación del negocio son satisfactorios (alrededor de 40.000€ anuales de beneficios fiscales), es cuando debe plantearse la cuestión de si resulta más atractivo construir una sociedad limitada.  Por otro lado se debe de considerar que si el beneficio de la sociedad va a revertir en beneficio personal y no al patrimonio de la sociedad, la diferencia entre seguir como autónomo o cambiar a Sociedad Limitada será mínima, ya que a través de los dividendos se deberá abonar un tipo adicional del 19% en concepto de IRPF.

 

En Daem contamos con una dilatada experiencia en el asesoramiento a nuestros clientes en este tipo de decisiones. Entendemos a la perfección la importancia de estos pasos y te acompañamos y asesoramos durante la evolución de tu negocio. Ponte en contacto con nosotros si necesitas más información: enviando un email a fiscal@daem.es o llamando al +34 93 280 21 66.

 

Aviso legal: Este artículo ha sido preparado en base a cierta información pública y refleja una serie de observaciones de carácter general. DAEM no acepta ningún tipo de responsabilidad frente a terceros como consecuencia de las decisiones o acciones que pueden ser adoptadas basándose en el contenido de este artículo.

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